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Marañas salvajes

Marañas salvajes.

Publicado en  Diario de Navarra. Sábado 18 de marzo 2017.

Por: Pedro Luis Lozano Úriz .

Sala: Ormolú

Horario: Hasta el 29 de marzo. Lunes a viernes de 10:00 a 13:30 y de 17:00 a 20:00 horas. Sábados (primero y último de cada mes de 10:00 a 13:00 horas.por:

Juanjo Lazcano regresa a la galería Ormolú con una exposición que, en primer lugar, debemos definir como un reto personal del propio autor. Un reto, a buen seguro, complejo y difícil tanto a nivel técnico como de planteamientos y por ello es justo comenzar esta crítica felicitando al autor por el trabajo, la calidad y esfuerzo desplegados en esta exhibición.

 

Zarzales, el título de la muestra, define bien la exposición ya que el conjunto de obras presentadas, pinturas y construcciones escultóricas, tienen como motivo y modelo principal las matas de las zarzas, esos arbustos espinosos tan frecuentes en las veredas de los caminos o en las lindes de los campos de nuestro entorno cercano.

 

Ahora bien, aunque la suya sea una exposición de paisaje y naturaleza, lejos de buscar una imagen bucólica o desenfadada de la campiña, el interés de Lazcano reside en mostrarnos un aspecto agresivo, incluso desasosegante y opresivo. Algo que consigue gracias a la densidad y el agobio que resultan de mostrar, en detalle, las marañas de ramas, pinchos y hojas que suele formar los conjuntos de zarzas que crecen asilvestradas y sin control en la naturaleza.

 

Estas obras, más allá de su interés compositivo y visual, dan lugar también a múltiples interpretaciones: desde la fiereza de la naturaleza salvaje, a la necesidad defensiva de seres pasivos como las plantas, a la idea del muro, (en algunos casos las zarzas van acompañadas de verjas metálicas), el dolor, el ahogo o la opresión, la dificultad o el precio que entraña conseguir algunos pequeños placeres como el de las moras que se ocultan cual tesoros o joyas protegidas por defensas dañinas, etc.

 

En definitiva son muchas las opciones interpretativas que ofrece esta temática. Lazcano suele utilizar el simbolismo y la similitud en sus obras como pudimos comprobar en sus hienas y es bien seguro que bajo estas zarzas el autor tenga sus propias intenciones aunque sin necesidad de saberlas, dado que sus imágenes son tan sugerentes y poderosas, el espectador fácilmente encontrará sus propias claves según cuales sean sus vivencias personales.

 

La utilización de pequeños formatos, incluidos los tondos, supone un buen recurso, primero por la dificultad y esfuerzo que requieren estas obras pero también porque al concentrar el foco y la mirada en una zona reducida, el autor consigue incrementar, aún más si cabe, la sensación opresiva y la falta de aire y espacio que transmiten estas marañas de zarzas y pinchos.

 

A su vez las pinturas se ven acompañadas por las construcciones, pequeñas cajas que, a modo de dioramas, contienen zarzas reales que podemos observar a través de lupas. Gracias a ello, Lazcano consigue concentrar, de nuevo, nuestra mirada en determinadas zonas muy concretas que además, al ampliar su escala visual, ven realzadas sus cualidades de poder y agresividad.

 

La exposición es todo un acierto, vuelve a poner de manifiesto la calidad pictórica de Juanjo Lazcano y la originalidad de sus planteamientos. Al mismo tiempo, se muestra equilibrada al ofrecernos una variedad de miradas, gracias a la alternancia de pinturas y construcciones. Esto último nos permite participar mejor en la experiencia visual, añadiendo además un componente de juego que libera la experiencia opresiva de los modelos hasta el punto de suavizar el fondo, duro y agresivo, de las zarzas. Éste penetra así, de una manera más matizada en la retina del espectador que, acomodado y casi divertido, deambula y sale libremente del espacio de la sala pero acarreando, sutilmente en su interior, el mensaje abrumador y opresivo de estas salvajes marañas de Lazcano.